Medio: Maison Ë
Título original: Collector of Lemons
Autora: Anna Burghardt
Fotografía: Carlos Chavarria
Fecha: Agosto 2026
Coleccionista de limones
El corazón de Vicente Todolí late por dos disciplinas: el arte y los cítricos. Antiguo director de la Tate Modern de Londres, hoy cultiva cítricos en su tierra natal, España. Su Todolí Citrus Fundació, cerca de Valencia, alberga más de 500 variedades, una colección viva que se complementa con ilustraciones botánicas y obras de arte contemporáneo. En esta labor, Todolí se reconoce heredero de la tradición del mecenazgo renacentista de Cosimo de’ Medici.
«Una vez fotografiamos un kumquat de Hong Kong junto a una Citrus medica: era como colocar un chihuahua al lado de un mastín». La primera es la variedad de cítrico más pequeña del mundo y —como si saliera disparado de una pistola— Vicente Todolí menciona de inmediato su nombre en latín: Citrus hindsii. La segunda, conocida también como cidra, es, por el contrario, una criatura amarilla casi monstruosa y la madre ancestral de todos los cítricos. «Es mi fruta favorita», confiesa. Quien pregunte a Todolí por su tema predilecto necesitará tiempo —y, preferiblemente, una buena dosis de entusiasmo—, porque el valenciano se transforma cuando habla de su pasión por los cítricos.
La trayectoria de Vicente Todolí es tan singular y fascinante que solo la propia vida podría haberla escrito. Nacido en 1958, cerca de Valencia, en el seno de una familia de agricultores dedicados al cultivo de los cítricos —«mi bisabuelo creó el primer huerto en Palmera a mediados del siglo XIX»—, estudió, entre otros lugares, en la Universidad de Yale. Toda su carrera profesional ha estado vinculada al mundo del arte. Ha dirigido instituciones como el IVAM (Institut Valencià d’Art Modern) y el Museo de Arte Contemporáneo de Serralves, en Oporto. Durante siete años estuvo al frente de la prestigiosa Tate Modern de Londres, y nombres como Richard Hamilton jalonan su trayectoria.
Actualmente, Vicente Todolí es director artístico de la Fundación Pirelli, en Milán, donde ha comisariado exposiciones dedicadas a artistas tan relevantes como Maurizio Cattelan y Bruce Nauman. Asesora importantes colecciones de arte y, al mismo tiempo, ha creado la suya propia: la mayor colección privada de cítricos del mundo.
«Solo existen colecciones universitarias de mayor tamaño, como la Givaudan Citrus Variety Collection, en Riverside (California), con más de mil variedades y 4.500 árboles», explica Todolí.
Una de sus grandes fuentes de inspiración sigue siendo el gobernante y banquero renacentista Cosimo de’ Medici. En la Florencia del siglo XVI, Cosimo reunió una extraordinaria colección de cítricos que despertó entre la aristocracia una auténtica pasión por las bergamotas, las naranjas amargas y la Bizzarria, una variedad especialmente rara. Estos árboles comenzaron a intercambiarse, regalarse y exhibirse con enorme entusiasmo. Los descendientes de Cosimo de’ Medici compartieron también esta fascinación por los cítricos. Cosimo III, por ejemplo, encargó al pintor y especialista en naturalezas muertas Bartolomeo Bimbi que inmortalizara en sus lienzos la extraordinaria diversidad de frutas que circulaba en aquella época. Algunas de sus pinturas, realizadas con un minucioso nivel de detalle, representan más de treinta variedades distintas.
UN LUGAR PARA EL CULTIVO Y LA CONTEMPLACIÓN
La Todolí Citrus Fundació, situada en Palmera, un pequeño municipio de la Comunidad Valenciana, en la costa mediterránea española, se ha convertido en un destino de referencia para los amantes de los cítricos de todo el mundo. En el corazón de la finca se encuentra el jardín de El Bartolí, donde crecen al aire libre alrededor de quinientas variedades diferentes.
Cuando Vicente Todolí comenzó su colección, a principios de los años 2000, apenas contaba con una pequeña parte de las que hoy la integran. Fue su padre, propietario de un vivero especializado en palmeras y cítricos, quien le animó a adquirir un terreno colindante tras el fallecimiento de su propietario. «Pensó que podría ser un lugar donde retirarme a reflexionar, un pequeño refugio con una modesta colección de cítricos.» Aquella colección inicial apenas reunía una veintena de variedades. «Diez de ellas murieron, así que me quedé con diez», recuerda entre risas.
Animado por un buen amigo, el gran referente de la gastronomía de vanguardia Ferran Adrià, Todolí comenzó a adquirir nuevos ejemplares a un viverista de Perpiñán, muy cerca de la frontera española. «Ferran iba allí a probar cítricos para seleccionar variedades destinadas a El Bulli.»
Con el paso de los años fue ampliando la finca en Palmera, adquiriendo numerosas parcelas vecinas. En algunos casos tuvo que pagar precios desorbitados por terrenos destinados originalmente a promociones inmobiliarias. «En total compré más de veinte parcelas colindantes para evitar que fueran urbanizadas.»
Paralelamente creó la Todolí Citrus Fundació y siguió enriqueciendo la colección, incorporando especialmente variedades procedentes de Italia, «el paraíso de los coleccionistas de cítricos». Toda la finca se cultiva siguiendo criterios de agricultura ecológica, aunque no cuenta con certificación oficial. «Nuestro vecino utiliza pesticidas», explica.
«Pasear por el jardín de cítricos es una experiencia inmersiva que seduce todos los sentidos.»
EL ARTE DE LOS CÍTRICOS
Para Vicente Todolí, historiador y comisario de arte, este «huerto botánico», como él mismo lo define, se asemeja cada vez más a un museo al aire libre donde nunca es necesario reorganizar las obras ni reconstruir las salas de exposición: es la propia naturaleza la que transforma continuamente el paisaje con el paso de las estaciones.
«Mi idea era crear un jardín que respondiera tanto a criterios botánicos como estéticos. Siempre estéticos», afirma con énfasis. «Recorrerlo debe convertirse en una experiencia inmersiva capaz de despertar todos los sentidos: el perfume de la flor, el verde del follaje, los aceites esenciales de la piel que puedes liberar al frotarla entre los dedos y, por supuesto, el sabor del fruto. Para la cultura árabe, un jardín de cítricos era el lugar más cercano al paraíso sobre la tierra.»
Cuando Todolí comienza a hablar de las relaciones entre los cítricos, el arte y la cultura resulta difícil interrumpirle. Puede recorrer con la misma pasión la pintura flamenca de bodegones, comentar Capri Battery (1985), la célebre obra de Joseph Beuys en la que una bombilla amarilla se conecta a un limón, o hablar de las históricas orangeries europeas convertidas hoy en museos, como la Orangerie del Bajo Belvedere de Viena o el Musée de l’Orangerie de París.
Él mismo ha promovido en numerosas ocasiones ese diálogo entre arte y cítricos. Durante una de las ediciones del Dîner des Agrumes, celebrado en la Villa Medici de Roma, varios limones vaciados de su colección fueron transformados en delicadas lámparas que iluminaban la cena como pequeñas esculturas.
No sorprende, por tanto, que Todolí reúna cuantos libros encuentra dedicados al universo de los cítricos ni que coleccione grabados botánicos históricos, naturalmente centrados en este género vegetal.
Gracias a las relaciones cultivadas durante décadas en el mundo del arte, la Todolí Citrus Fundació alberga además numerosas obras donadas por artistas contemporáneos, cuyas temáticas resultan fáciles de imaginar.
Actualmente, la Fundación espera la aprobación de un nuevo pabellón concebido específicamente para albergar esta colección artística dedicada a los cítricos.
Para ilustrar el gran libro de la Fundación, Todolí recurrió al prestigioso fotógrafo de arte y arquitectura Attilio Maranzano. «Maranzano ha fotografiado obras de Carsten Höller, Claes Oldenburg o Mario Merz. Posee una precisión extraordinaria. En sus fotografías se descubre incluso más de lo que el ojo alcanza a percibir en la realidad.»
Su publicación más reciente es un libro de memorias que entrelaza el arte y los cítricos: Quisiera crear un jardín (y verlo crecer). Entre el arte y la tierra.
«Para la cultura árabe, un jardín de cítricos era el lugar más cercano al paraíso sobre la tierra.»
DE LA DIVERSIDAD Y LAS POSIBILIDADES
En los terrenos de la Todolí Citrus Fundació se encuentra una cocina experimental que ha recibido el Golden Novum Design Award. Reconocidos chefs amigos de la Fundación aportan su conocimiento culinario, entre ellos no solo el brillante Ferran Adrià, sino también Quique Dacosta, cuya cocina ha sido distinguida con tres estrellas Michelin.
Entre noviembre y abril, la Fundación ofrece visitas guiadas con degustación, durante las cuales se explica el árbol genealógico de los cítricos, comenzando por la ya mencionada Citrus medica, el ancestro de todos ellos. Las mesas se llenan con una asombrosa variedad de frutos: desde los más diminutos hasta otros del tamaño de la cabeza de un niño; con pieles lisas, rugosas o profundamente surcadas; en una gama de colores que va desde un amarillo pálido, semejante al de las alas de una mariposa, hasta un verde intenso o un naranja de atardecer.
«Lo que para nosotros es importante transmitir durante las degustaciones, y también en los cursos de cocina, es que todas las partes de un cítrico pueden aprovecharse», explica Todolí. Las hojas pueden utilizarse para aromatizar líquidos, así como para envolver queso fresco o pescado. La parte coloreada de la piel, que contiene los aceites esenciales aromáticos, ofrece tantas posibilidades como la pulpa. Incluso el albedo, la parte blanca y esponjosa situada bajo la piel, que a menudo se desecha por su amargor, puede aprovecharse de formas creativas.
Según explica Todolí, la inspiración para esta diversidad de productos procede, sobre todo, de Japón y de Italia.
«En estos dos países se elaboran infinidad de productos a partir de los cítricos. En España, en cambio, predominan los productos destinados al gran consumo en los supermercados; apenas existe interés por la diversidad o por profundizar en este mundo. Solo somos líderes en la producción de fruta para consumo en fresco.»
Por ello, siente un interés especial por los cítricos japoneses; nombres como Hyuganatsu, Shikuwasa o Amanatsu surgen con naturalidad en la conversación.
«En Japón, la naranja amarga, conocida como daidai, simboliza la longevidad y la continuidad entre generaciones. En primavera hay un momento en el que pueden verse tres generaciones en un mismo árbol al mismo tiempo: las flores, los primeros frutos verdes y los frutos de temporadas anteriores, que pueden permanecer en el árbol hasta tres años. Además, nunca pierde sus hojas.»
Todolí siente una profunda admiración por la gastronomía japonesa y viaja a Japón dos veces al año desde hace muchos años.
«No solo por motivos relacionados con el arte; en cada viaje visito también una región agrícola diferente, donde descubro cítricos que hasta entonces me eran desconocidos. Sin embargo, introducir variedades japonesas en Europa resulta especialmente complicado.»
Un desafío que recientemente ha comenzado a dar sus frutos: su colección se ha enriquecido con seis variedades japonesas.
«Se necesitan permisos de exportación del Ministerio de Agricultura; las ramas deben pasar por cuarentena y por el laboratorio del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, entre otros trámites. Cada nueva variedad procedente de Japón nos cuesta 5.000 euros.» Y también exige paciencia. «Pasarán años antes de que pueda ver los primeros frutos», concluye.
















