Carsten Höller (Bruselas, 1961)

Carsten Höller es uno de los artistas contemporáneos que con mayor claridad ha situado la experiencia del espectador en el centro de la obra. Nacido en Bruselas en 1961, desarrolló inicialmente una carrera científica: estudió Agronomia y Biologia en la Universidad de Kiel y se doctoró en 1988 con una investigación sobre la comunicación química de los insectos. Trabajó posteriormente como investigador en el campo de la biología antes de dedicarse plenamente al arte a comienzos de los años noventa. Su formación científica continúa siendo una referencia fundamental en su práctica, caracterizada por la experimentación, la observación y el cuestionamiento de nuestra percepción y nuestro comportamiento.

Sus obras exploran situaciones en las que el espectador se converte en parte activa de la experiencia. Höller investiga cómo determinadas alteraciones de los sentidos, del espacio o del movimiento pueden modificar nuestra percepción de la realidad. Para ello recurre a instalaciones, esculturas, estructuras arquitectónicas, juegos, luces, espejos y dispositivos concebidos para ser utilizados o experimentados. Su trabajo combina el rigor de la investigación con una dimensión lúdica que invita a poner en duda aquello que normalmente damos por sentado.

Desde sus primeras instalaciones participativas, el artista ha desarrollado una práctica en la que la percepción, la incertidumbre y la experiencia corporal ocupan un lugar central. Entre sus obras más conocidas se encuentra Test Site (2006), realizada para la Turbine Hall de Tate Modern en Londres. La instalación estaba formada por cinco grandes toboganes que atravesaban distintos niveles del edificio y permitían al público desplazarse físicamente por el espacio del museo. La obra convirtió la arquitectura de la Tate en un lugar de experiencia y juego y se convirtió en una de las intervenciones más recordadas de la historia de la Turbine Hall.

Otros trabajos fundamentales de su trayectoria incluyen Flying Machine (1996), que permitía experimentar la sensación de volar mediante un sistema de arneses; Upside Down Mushroom Room (2000), una instalación de grandes hongos invertidos que altera la percepción del espacio; y The Double Club (2008–2009), un proyecto desarrollado en Londres que combinaba restaurante, bar y club nocturno y ponía en relación elementos de las culturas congoleña y occidental.

A lo largo de su trayectoria, Höller ha desarrollado proyectos en algunos de los principales museos e instituciones internacionales, entre ellos Tate Modern, Londres; Fondazione Prada, Milán; Centre Pompidou, París; MASS MoCA, Massachusetts; ICA Boston; New Museum, Nueva York; Hayward Gallery, Londres; National Gallery of Victoria, Melbourne; Museo Tamayo, Ciudad de México; MAAT, Lisboa; y Pirelli HangarBicocca, Milán. También ha participado en importantes exposiciones internacionales, consolidando una trayectoria que se sitúa en la intersección entre arte, ciencia, arquitectura y experiencia.

Su obra forma parte de importantes colecciones internacionales, entre ellas Tate, Londres; Centre Pompidou, París; Fondazione Prada, Milán; Musée d’Art Contemporain de Marseille; Museum für Moderne Kunst, Frankfurt; Bonniers Konsthall, Estocolmo; 21st Century Museum of Contemporary Art, Kanazawa; Victor Pinchuk Foundation, Kyiv; McEvoy Foundation for the Arts, San Francisco; y ZKM | Center for Art and Media Karlsruhe, entre otras.

En Todolí Citrus Fundació, Höller ha trasladado algunas de estas preocupaciones a un contexto en el que arte, naturaleza y observación científica se encuentran de manera especialmente directa. El Aviario Todolí Citrus es una escultura funcional concebida específicamente para la Fundación e integrada entre las hileras del Huerto Botánico El Bartolí. Su estructura hemisférica, inspirada en un fruto cítrico, establece una relación directa con el paisaje agrícola que la rodea y con la colección viva de cerca de 500 variedades de cítricos de la Fundación.

La obra incorpora además otro aspecto significativo de la trayectoria de Höller: su interés por los pájaros cantores. Su formación como biólogo y su conocimiento del comportamiento animal encuentran en El Bartolí un contexto único. El aviario está destinado a albergar especies de aves tradicionalmente vinculadas a los huertos de cítricos valencianos, integrando en la obra el canto, el movimiento y la presencia de los animales. De este modo, la escultura no se limita a ocupar el paisaje, sino que incorpora elementos vivos y sonoros que forman parte de la experiencia de la obra.

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