Medio: Levante _ Opinión

Título original: Complicidades. Todolí Citrus

Autor: Carlos Marzal

Fotografía: Adolf Boluda

Fecha: 9 Mayo de 2026

Cuando las anomalías se convierten en una costumbre, solemos decir que nos hallamos ante una tradición, porque preferimos creer que los asuntos del mundo funcionan según patrones lógicos, antes que rendirnos al comportamiento de lo anómalo, que hace lo que le viene en gana, cuando le viene en gana y donde le viene en gana.

Siempre me ha parecido que la comarca de La Safor representa una anomalía cultural que ha convertido en costumbre la abundancia de estupendos escritores, algo que puede deberse, por supuesto, a la propia tradición literaria, pero que sigue resultando anómalo, porque la literatura, se mire como se mire, constituye una feliz excentricidad en el mundo. Si me ciño a Oliva, sin pretender hacer un catálogo exhaustivo, pienso enseguida en una de las grandes figuras de la Ilustración española, Gregorio Mayans ; en Francisco Brines, un clásico de la poesía española del siglo XX, en Enric Sòria, en Joan Navarro, en Àngels Gregori, en Josep Lluís Roig. Las casualidades repetidas se transforman en el hábito de la casualidad, algo que no deja de sorprendernos.

En mis indagaciones etnográficas, he atribuido esta abundancia de buenos escritores a dos causas fundamentales: la conjunción de los vientos que provienen de la Sierra de Gallinera, con la brisa que llega desde las playas de Oliva, y, sobre todo, a los milagros de la patrona de la población, la Mare de Déu del Rebollet.

Ahora bien, hoy sé que existe un tercer factor determinante en todo este ajetreo literario: el consumo de cítricos, desde el tiempo de los árabes.

Para propiciar toda esa bendita extravagancia cítrica y cultural, Vicente Todolí, vecino de Palmera, ha creado la Todolí Citrus Fundación. Es el jardín al aire libre que cultiva mayor número de variedades cítricas del mundo: unas quinientas.

Muchos de ustedes conocerán a Vicente Todolí, porque ha sido el Director Artístico de museos de arte contemporáneo muy famosos: el IVAM, el Museo Serralbes de Oporto, la Tate Gallery de Londres. Vicente podría haber gastado su dinero en cualquier banalidad en la que solemos gastárnoslo, pero decidió construir un jardín de cítricos, para oponerse a un P.A.I que amenazaba con destruir el huerto de su familia.

Su Fundación es una obra artística de pleno derecho -una lenta y delicada tarea cuyo destino es explicar y engrandecer la vida humana-; pero con la ventaja de que se huele, se saborea, se come. Por si eso fuera poco, un día al año reúne en su jardín a cerca de quinientas personas para que escuchen a poetas actuales en un recital al aire libre, entre pumelos, pomelos, naranjas, limones y cidras. A ese acto lo ha llamado Poecítrics.

En Japón, el nombre de Vicente Todolí estaría asociado a algún espíritu sintoísta y se le rendiría culto en Año Nuevo. En Valencia, algunos -cada vez más- celebramos con orgullo la existencia de su anomalía.

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